Cabanas para Pensar Perfect

Conviene siempre recordar aquello que Wittgenstein apuntara: la grandeza o pequeñez de una obra depende de donde esté quien la hizo. La cabaña enfatiza, desde su tosquedad, su impenetrabilidad o su aislamiento, que ella es más que nada un espacio vital, antes que discursivo. Habría que ponderar este fuerte compromiso existencial en lo que tiene de resistencia al textualismo característicamente moderno, y a la neutralidad objetivista de la mayor parte de las corrientes hermenéuticas de nuestro tiempo. El mismo rigor arquitectónico del refugio es su sentido de principio: hay que tomar como orientación la necesidad lógica más rigurosa, más evidente, más sencilla. Lo superfluo oscurece y desorienta. La forma lógica desde ser un puro reflejo de la estructura de los hechos es su desnudez primitiva, rústica, originaria. La cabaña como manifestación primera y como esencia del verbo habitar. La cabaña -ha sugerido Bachelard- es la soledad centrada. Es una exigencia muy próxima a la que sugiere H. D. Thoreau: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme solo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, y para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido”. El anhelo de independencia a que responde este tipo de construcciones remite, sin duda, a una de las más importantes cuestiones que plantea la vida moderna. Deriva del intento del individuo precisamente por preservar su autonomía e individualidad frente a las fuerzas sociales que tratan de supeditar al sujeto a lo colectivo, a cualquier totalidad abstracta, a la cultura, a la tradición, la técnica, el ajetreo (in)mediático. El solitario en su morada, en su actitud contemplativa, se enfrenta a la triunfante sociedad de producción característicamente burguesa. La cabaña se rige así en la tensa dialéctica de la intimidad contra el universo. Lugar en cierto modo de confrontación heroica con la existencia, ámbito de la honestidad y la desconfianza frente a las representaciones. Por tanto, también: espacio en primer lugar de la lucha potencial con el lenguaje.

Text: Ruiz de Samaniego Alberto. pp. 540; paperback. Publisher: Maia Ediciones, Madrid, 2011.

ISBN: 9788492724352 | 8492724358

ID: 17476

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Conviene siempre recordar aquello que Wittgenstein apuntara: la grandeza o pequeñez de una obra depende de donde esté quien la hizo. La cabaña enfatiza, desde su tosquedad, su impenetrabilidad o su aislamiento, que ella es más que nada un espacio vital, antes que discursivo. Habría que ponderar este fuerte compromiso existencial en lo que tiene de resistencia al textualismo característicamente moderno, y a la neutralidad objetivista de la mayor parte de las corrientes hermenéuticas de nuestro tiempo. El mismo rigor arquitectónico del refugio es su sentido de principio: hay que tomar como orientación la necesidad lógica más rigurosa, más evidente, más sencilla. Lo superfluo oscurece y desorienta. La forma lógica desde ser un puro reflejo de la estructura de los hechos es su desnudez primitiva, rústica, originaria. La cabaña como manifestación primera y como esencia del verbo habitar. La cabaña -ha sugerido Bachelard- es la soledad centrada. Es una exigencia muy próxima a la que sugiere H. D. Thoreau: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme solo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, y para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido”. El anhelo de independencia a que responde este tipo de construcciones remite, sin duda, a una de las más importantes cuestiones que plantea la vida moderna. Deriva del intento del individuo precisamente por preservar su autonomía e individualidad frente a las fuerzas sociales que tratan de supeditar al sujeto a lo colectivo, a cualquier totalidad abstracta, a la cultura, a la tradición, la técnica, el ajetreo (in)mediático. El solitario en su morada, en su actitud contemplativa, se enfrenta a la triunfante sociedad de producción característicamente burguesa. La cabaña se rige así en la tensa dialéctica de la intimidad contra el universo. Lugar en cierto modo de confrontación heroica con la existencia, ámbito de la honestidad y la desconfianza frente a las representaciones. Por tanto, también: espacio en primer lugar de la lucha potencial con el lenguaje.

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